El tipo es piola, qué sé yo. Siempre te saluda, siempre te sonríe, me presta el teléfono cuando tengo que llamar a mi nieta que está en Bariloche, no habla mucho pero bueno, tampoco yo hablo mucho. Un día me entero por el portero de que se va de vacaciones a Europa, a Francia o a París o no sé, no me acuerdo, y después me dice que para el fin de semana está anunciado lluvia. Y yo me acuerdo que pensé que cómo se habría arreglado para irse de vacaciones, porque me acuerdo escucharlo discutir a los gritos, y de una silla de ruedas con una señora, y que Mabel me comentó que era la madre y que hacía unos cuantos años que estaba postrada. Parece que se mudó a esta zona para tener todo más a mano: el supermercado, el sanatorio... No debe ser fácil tener que encargarse de-- bueno, nada, la cuestión es que me preguntaba qué habría hecho con la madre, así que un día salí de mi departamento y le golpeé la puerta-- el departamento de Dado está pegado al mío, por si no se entendió. Bueno, que le golpeé la puerta y no me atendió nadie, y que le volví a golpear y de nuevo no me atendió nadie, entonces quise pasarle todo el correo por debajo de la puerta. Había como seis cartas tiradas ahí afuera, apiladas, y a mí me gustaría que me hicieran la gauchada si yo no estuviera en mi casa, así que a duras penas me agaché y le empecé a pasar todas las cartas, una por una, hasta que llegué a la última y no sé si soy yo o realmente alguien tiró del otro lado, pero alguien tiró del otro lado y me arrancó la carta de la mano, y yo me paré de un salto y pegué la vuelta y me metí en mi departamento, y ahora me compré un celular para hablar con la Titi que está en Bariloche.
jueves, 10 de marzo de 2011
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