No, primero la desenchufó. Después, pero como si supiera exactamente cuándo, la volvió a enchufar. Así me lo contó Juan por lo menos. Dijo que no supo bien qué hacer. Que las situaciones más raras con las que se había cruzado hasta ese momento habían sido un tipo en calzoncillos, una parejita un poco despeinada, esa clase de cosas. Pero dijo que el tipo la desenchufó nomás.
Dice que había llegado como cinco minutos antes para ver el temita de las bajadas de tensión, había llamado varias veces a la mañana para que vayamos... y cuando Juan llegó, el tipo no lo miraba nunca, siempre de espalda. Y dice que le dijo: «No me puedo arriesgar... hice un cálculo, ni un segundo más ni un segundo menos». Así, frío se lo dijo. Y Juan contó que apenas le pudo contestar que él hacía lo suyo y se iba. Me confesó que no se animó a decir más nada, incluso casi que se queda callado... Porque le quería sugerir que pusiera otro tomacorriente, o una zapatilla, porque tenía para dos enchufes solamente, y en uno estaba siempre la heladera, parece que a ese enchufe no lo desconectaba. Pero la verdad que no se animó a decir nada, y yo lo entiendo. Ni siquiera le pudo ver la cara al tipo.
Juan dice que mientras él controlaba la caja el tipo se puso a comer, así nomás, sobre la mesada de la cocina, masticando sin apuro. Juan no vio lo que tenía en el plato, pero cuando se fue todavía seguía comiendo. El tipo no se dio vuelta ni una vez, y a Juan otra cosa que le llamó la atención fue que hacía como este ruidito a línea de alto voltaje, como un unhhhhhh.
Pero lo peor pasó después, según Juan. Dice que, mientras él probaba con el tester, el tipo dijo, así, bajito, «Se me enfrió otra vez». Y fue y la volvió a desenchufar. Conectó el microondas y lo puso en 15 segundos. Juan lo miró de reojo, porque no sabía qué hacer, y yo tampoco hubiera sabido en su lugar... Cuando sonó la alarma del microondas, el tipo, como si nada, volvió a conectarla, sacó el plato y se puso a comer de nuevo, igual que antes. Entonces a la vieja se le infló el pecho; estaba media dormida en la silla de ruedas, con el respirador puesto, ahí, entre el microondas y la heladera.
Dice Juan que cuando se iba le dijo que no había problemas con la tensión de la red, que probablemente había sido algo eventual. El tipo no le contestó nada, ni siquiera se dio vuelta. Juan se fue lo más rápido que pudo, juntó las herramientas y ni saludó.
Pero dice que mientras cerraba la puerta escuchó que el tipo decía: «Se me enfrió otra vez»...


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