lunes, 28 de febrero de 2011

Según Eugenio

Aunque no hubo uno designado, alguien grita un aplauso para el asador y todos aplaudimos y comemos, aliviados de haber cumplido con la primera parte del protocolo dominical. La sinfonía de cuchillos y tenedores contra el plástico —unos veinte pares, más o menos— se interrumpe cuando Maxi pregunta quién se prende a un truco después del almuerzo, y algunos responden y el amigo de Nerina, el Dado ése, rompe su propio silencio y se ríe solo por un rato, no mucho pero lo suficiente para que los otros dieciocho desconocidos lo miren con cara de de dónde salió éste, o con cara de espero que se vaya antes del picado. Y siguen comiendo mientras Maxi, al rato de rebuscar en su bolso, descubre que no tiene los naipes y pregunta dónde están los naipes sin recibir respuesta. Y cuando parece que nadie puede responder, y cuando la comunicación de una veintena de bocas masticando se vuelve obesa y anudada, yo muerdo un pedazo de papel y pregunto, mientras rebusco en mi boca intentando separarlo con los dedos de la carne masticada, quién prendió el fuego, y Lorena lo señala al Dado ése, y yo decido no mostrar el papelito engrasado, chamuscado, masticado, que acabo de sacar de mi boca, y en el que a duras penas se adivina una sota de espada.

0 comentarios:

 
 
Copyright © Proyecto Dado
Blogger Theme by BloggerThemes Design by Diovo.com