viernes, 25 de febrero de 2011

Según Carlos

Como todos los martes a las 4:24 de la madrugada estacioné el colectivo en la parada de la Plaza Tahúr, en el extremo de la famosa fuente hexagonal. Ahí estaba el pibe, como todos los martes, con su sobretodo naranja y su boina vasca en la cabeza. Subió como siempre y, en vez de pagar el viaje, me regaló esa pregunta y me mantuvo despierto todo el recorrido a la espera de una respuesta, con esos ojos abúlicos e inocentes, con ese tono de voz inexpresivo y cantarín, con esa mano fría que siempre se posa en mi hombro derecho. 

Buenas noches señor colectivero, ¿por casualidad sabrá usted cuántos reflejos pueden guardarse en un solo espejo? 

Como piña, el pibe. De nuevo me va a dejar pensando una semana.

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