sábado, 26 de febrero de 2011

Según María López

—Casi lo paro. No sabía cómo anotarlo, sino lo paraba: el masculino se me acerca de frente ¿no? Directo a mí: ojos entrecerrados, entre intoxicado con mariguana y cliente de la zona roja, parece que va a proceder a abrir la boca, la abre un poquito, respira suave, frena un segundo, no me deja de mirar, me esquiva, pasa de largo, despacio... Casi lo paro... Todos los días igual, a la misma hora, la misma esquina. No hay ningún ilícito, nada. Por cualquier cosa lo pararía, pero no hace nada. 
—Pero, ¿lo conoce Cabo López? 
—Es un NN... Qué lo voy a conocer... Pero conoce mi ronda, sabe que aproximadamente a las dieciséis horas, dieciséis-cero-cinco, me toca esa esquina y me paro unos minutos... y no me espera ahí, se me aparece de la nada y de repente lo tengo a cinco metros, caminando con esa cara de... ¿se acuerda del Sargento Carvallo? ¿cuando le abrieron el expediente por estrés postraumático? Esa cara. 
—¿Y por qué no le pregunta algo? 
—¿«Tiene novia»? ¿Qué quiere que le pregunte? 
—Está en actitud sospechosa; interrogue, pregunte cuáles son sus intenciones. Seguro que en algo anda. 
—Además hace otra cosa, cuando pasa de largo... 
—¿Qué hace? 
—Siempre me doy vuelta cuando pasa, para mirar qué hace, y siempre hace lo mismo... 
—Pare con la intriga Cabo. 
—Me mira... 
—¿La mira? ¿Qué mira? 
—Me mira... 
—¿La mira? 
—A lo mejor me queda un poco ajustado el uniforme... pero no sé bien, porque no mira fijo y la mirada se le pierde, como que se le va para adentro de los ojos... a veces parece que mira la reglamentaria, o las esposas... es dudoso. 
—Detengalo. 
—Pero, ¿por qué? 
—Detengalo. Hágame caso.

0 comentarios:

 
 
Copyright © Proyecto Dado
Blogger Theme by BloggerThemes Design by Diovo.com