martes, 22 de febrero de 2011

Según Lucio

Nos tomamos el ascensor juntos. Me dijo que le gustaba sacarlo a pasear, al perro, pero no vi ningún perro, así que primero supuse que no le había entendido bien. No me pasa tan seguido, pero desde que me lo cruzo casi todos los días la impresión de que lo entiendo mal se ha vuelto más o menos habitual, así que no dije nada, simplemente asentí y creo que gruñí un sí. Hoy marcó el piso 12. Siempre pensé que vivía en el 8, pero es posible que esté confundido. Yo marqué el 15, como siempre. En mi cabeza sonaba musiquita funcional de ascensores, porque me incomoda un poco tenerlo tan cerca, en especial cuando no deja de mirarme el pelo; medio petiso como es al lado mío, se nota porque tiene que levantar la cabeza. Así que el ascensor para en el 12, y Dado abre la puerta y entra el perrito, contento, una especie de caniche pero más raro, como en los sueños, como si uno supiera que eso que ve, aunque no se ve como un caniche, es un caniche. Bueno, se sube el perro y Dado cierra la puerta y, antes de que el ascensor llegue a mi piso, ahí sí marca el 8, y yo me bajo diciéndome: tenía razón, vive en el 8, creo.

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